La primera vez que vieron la luz pinturas representativas del trabajo como Los Quebradores de piedras de Courbet “…Yo no soy socialista, sino también demócrata y republicano, partidario de la revolución…en una palabra, un amigo sincero de la auténtica verdad…”, pintor francés del XIX fundador del realismo, fueron blanco del rechazo de la ya conservadora burguesía que las consideraban amenazadoras aunque la temática era familiar desde los egipcios, representada en acciones como cosechar, cuidar ganado o matar cerdos. El motivo del rechazo, era la actitud generalizada de compromiso de los artistas con los intereses del proletariado.
Artistas cristianos con esta temática lo que pretendían era hacer llegar un mensaje moral, representando a santos en ocupaciones artesanales, como la pesca o la carpintería frente a la imagen del pecado, los bancos y los banqueros o las artimañas de los curanderos representadas por ejemplo por El Bosco, artista holandés, precoz abanderado en cuatro siglos del surrealismo , en su obra La Extracción de la Piedra de la Locura.
Las obras de muchos autores europeos apuntaron válida información detallada sobre la construcción artesanal, un ejemplo claro La Torre de Babel de Peter Brueghel el Viejo, la famosa torre bíblica, construida para alcanzar el cielo, símbolo del orgullo humano, el pintor atribuyó el fracaso de esta estructura a problemas ingenieros y no a incompatibilidad de lenguas por causas sobrehumanas.
Pero de todos los pintores, los flamencos parecen ser los primeros en tratar el trabajo como una temática en sí, la panacea la encontramos en un artista posterior, Chardin que casi “obligó” al público a aceptar el trabajo doméstico como un bello tema de valor artístico.
El revolucionario paisaje industrial inglés en el XVIII también estuvo bien documentado gracias entre otros a las pinturas de Wright, su gran obra de arte, Experimento con un pájaro en una Bomba de Aire, evoca logros científicos del presente agrupando en su retrato al químico Joseph Priestley, el empresario Wedgwood y a Erasmus Darwin.
Manet y Toulouse- Lautrec ofrecieron por su parte una honesta visión del “oficio más viejo del mundo”, también romantizada en un artista menos conocido, Gervex, una de sus obras “Rolla”, inspirada en un poema de Musset fue rechazada por el Salón de París al ser calificada de inmoral.
